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Carta de la fundadora

Natalia Espitia

“Todo empezó por que alguien me dijo deja de llorar y aprende a montar bicicleta”

“Iniciamos con 11 niñas en 2016 entre los 8 y los 15 años, hoy tenemos 30 niñas inscritas”

Yo era una mujer insegura, tanto, que un día mi jefe me preguntó ‘¿por qué te da miedo entregarme un informe?’. Me lo dijo sin intención de matonearme. Su observación vino acompañada de un consejo. Me dijo que montara en bicicleta. Yo quedé desubicada ¿Qué tenía que ver una cosa con la otra? Tenía razón, era evidente que yo era una mujer llena de temores. En el 2013 pase por un intento de abuso sexual en una calle de la ciudad de Buenos Aires. A raiz de eso sentía miedo de que la gente en la calle se me acercara, me vestía como yo no quería, vivía amedrentada, sin confianza en mí ni en los demás.

Seguí el consejo. A los 27 años yo no sabía montar en bicicleta. Estaba decidida a intentarlo. Fui con mi mamá a la Biciescuela, un colectivo de personas que enseñan gratis. Las dos estábamos en las mismas. Mi mamá aprendió primero; era un ejercicio de conectar la mente con el cuerpo, de pensar que no te vas a caer. En definitiva, pedalear sin ayuda era un acto simple y grande de seguridad, como si te tomaras una pastica que produce confianza.

En una caída me lesioné. La situación se presentó para que yo desistiera, pero seguí. ¡Pude hacerlo después de mucho esfuerzo! Y no contenta con mi conquista, enfrenté la calle. Me lancé arriba de las dos ruedas. Lentamente fui sumando cuadras. Me desafié. En la medida que me fui apropiando de la ciudad a bordo de la bici, mi forma de ser fue otra. Había dejado lejos a la mujer triste y temerosa. No me importó irme en falda, me fui poniendo bonita, sin importar si sudaba. Me tenía sin cuidado que algunos transeúntes me faltaran al respeto con sus piropos, la intolerancia de los carros.

En ese ejercicio introspectivo, se juntaron un montón de vivencias en pasado, presente y futuro. Así di con la respuesta de mi proyecto de vida, lo acote a niñas en situación de vulnerabilidad. Contaba con cifras y había explorado maneras de intervenir. Cuando lo conecté conmigo, pensé en herramientas de educación para prevenir embarazo adolescente y violencia de género. Descubrí que en Camboya hay iniciativas de niñas que van al colegio en bicicleta, para prevenir violencia sexual y para desarrollar seguridad. Recuerdo haber dicho \”No soy la única, en Estados Unidos encontré Litle Bellas, un grupo que empodera a través de la bicicleta. En ese punto de mi historia, se juntó todo para bien. En noviembre de 2015 empece a incubar la Fundación en Wikideas y en Marzo de 2016 iniciamos a intervenir en Soacha.

A esa edad tomas decisiones importantes en tu vida, en un entorno como Soacha municipio que ocupa el segundo lugar en Cundinamarca por denuncias de violencia sexual es importante brindar herramientas de educación y de nuevos panoramas para las mujeres y niñas quienes son la fuerza transformadora de la sociedad.

Con ellas hemos aprendido que el mundo necesita invertir recursos en la educación y empoderamiento de las niñas y adolescentes, hemos aprendido que ellas son un capital humano del cual podemos potencializar por medio de nuestro trabajo.

Si estás leyendo esta carta es porque te interesa lo que nos mueve al equipo de Niñas sin Miedo a seguir adelante con este sueño.

Únete a nosotros dona una bici dona tiempo y haz parte del efecto niña que hoy se mueve como una nube rosada y azul en las montañas de Soacha.

Natalia Andrea Espitia Perilla
Fundadora de Niñas sin Miedo