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MARIA FERNANDA DE LA OSSA – UNA MIRADA HACIA LA EDUCACIÓN DE LA SEXUALIDAD

ENTREVISTA POR: DANIELA CAMARGO

¿En qué consiste el programa de Educación para la Sexualidad de Niñas sin Miedo?

El programa de Educación para la Sexualidad lo estamos desarrollando a través de la implementación de metodologías de educación experiencial y de contenidos en educación para la sexualidad. Hacemos talleres que integran los métodos que ofrece la educación experiencial para que las niñas aprendan los contenidos que se les transmiten desde una posición activa y no desde un rol pasivo. En ese sentido, la metodología permite que haya una apropiación más profunda de lo que se aprende. Entonces la pregunta es: ¿qué es lo que se aprende? Las niñas aprenden y reflexionan sobre temas relacionados con el manejo de emociones, la discriminación hacia la niña y problemáticas que a medida que hemos ido implementando el programa han salido desde los mismos testimonios de ellas. Problemáticas como inseguridad en el barrio, posibilidad de acoso y abuso sexual y estigmatización de las niñas. Básicamente el objetivo del programa de Educación es integrar los contenidos de educación para la sexualidad alineados con el ICBF y Profamilia, e identificar cuáles son esas problemáticas más importantes que las niñas tienen que reconocer para prevenir todas las circunstancias riesgosas que enfrentan no solo como niñas, sino también por el lugar en donde viven, y en general como mujeres. Nuestro propósito es adaptar el programa a las necesidades de Ciudadela Sucre.

 

  • ¿Cuáles son los objetivos que quieres cumplir como coordinadora del programa?

Los objetivos que yo tengo en mente son tres. Al analizarlos, no pienso específicamente en el resultado, sino en el proceso que implica lo que nosotros estamos haciendo. Pienso en las siguientes tres cosas: la primera es que las niñas comiencen a desarrollar un pensamiento crítico con respecto a las normas de género. ¿Cómo diría yo que veo eso? Que a una niña le digan “tú no puedes hacer eso porque tú eres débil e incapaz porque eres niña”, y que la niña pueda responder “tú crees eso, pero eso es falso, no necesariamente es cierto”. Esto tiene que ver con la capacidad de aproximarse críticamente a las perspectivas de lo que significa socialmente ser niña. La segunda cosa es el tema del fortalecimiento de la autoestima. Yo veo el programa de Educación de Niñas sin Miedo como un espacio en el que ellas se ven reconocidas ante quienes están a su alrededor. En los talleres las niñas encuentran un espacio en el que son valoradas tal como son y la idea es que esto les contribuya a la sensación de confianza que tienen para fortalecer sus capacidades y lograr sus metas. Niñas que puedan decir “yo soy linda”, “yo soy inteligente”, “yo soy fuerte”; que se lo puedan decir a ellas mismas. Creo que las actividades de educación a través de la valoración del cuerpo, de lo que uno siente, del reconocimiento, pueden llegar a fortalecer el autoestima, y ese es un objetivo. La tercera cosa, que se complementa con la anterior, es el sentimiento de confianza hacia los demás. Espero que el programa de Educación se preste como un espacio para que las niñas puedan decir “yo tengo un círculo de personas en mi vida a quienes puedo acudir cuando algo me pasa, a quienes les puedo preguntar cuando tengo un problema, y en quienes puedo confiar que no voy a ser juzgada por lo que voy a contar”. Siento que eso ha pasado con algunas niñas ya, pero me gustaría verlo en todas; que Niñas sin Miedo se volviera un espacio de absoluta confianza. Este es uno de los valores que nosotros acordamos desde el principio con las niñas.

 

  • ¿Cuál ha sido la mayor dificultad que has enfrentado al tratar temas de sexualidad y género con las niñas?

La mayor dificultad relacionada con estos temas tiene que ver con afinar el uso del lenguaje para que ellas puedan entender todo muy claramente; utilizar un lenguaje que sea completamente accesible para ellas, que funcione de acuerdo a las preguntas que ellas tienen. Es como una especie de traducción. Ellas tienen un lenguaje y unas concepciones del mundo y para uno poder transmitir contenidos de sexualidad tiene que identificar estas concepciones del mundo, estas preguntas que tienen, pero también tiene que identificar necesidades. Poder alinear todo eso bajo un lenguaje que sea comprensible para ellas es uno de los retos más grandes porque normalmente los contenidos relacionados con sexualidad están en un lenguaje académico, entonces ponerlos en el lenguaje de niños es crucial para que sean útiles, si no, no tiene ningún sentido enseñárselos. Aunque no es solo poner los temas en sus términos, sino también desarrollar dinámicas que les permitan asimilar las cosas que les estamos diciendo, porque muchas veces hay prejuicios o preconcepciones que debemos deconstruir para poder darle a las niñas una perspectiva más incluyente y sana sobre su sexualidad; sobre la relación que tienen con su propio cuerpo, sobre los vínculos que tienen con las otras personas, sobre la concepción de los límites del cuerpo. Todo esto tiene que lograrse desde lo que ellas ya saben, desde su bagaje cultural y teniendo en cuenta las normas de género, que son más fuertes en esta comunidad. Creo que el mayor reto es desarrollar un lenguaje que se adapte al lenguaje de las normas de género para poder deconstruir las estructuras de inequidad social.

 ¿Qué pasaron por alto tus profesores que te hubiera gustado aprender cuando niña sobre temas de sexualidad y género?

Volviendo a mi niñez y a mi adolescencia siento que las personas que estaban encargadas de la educación para la sexualidad en mi formación pasaron por alto la importancia de introducir valores como el respeto, como la concepción del consenso y de los límites. Me hizo falta una educación para la sexualidad que no estuviera solamente enfocada en el aspecto anatómico o biológico, sino también en el bienestar psicológico de las personas. Siento que la “educación sexual” que yo recibí no era educación para la sexualidad porque no concebía a la sexualidad como una forma de identidad, sino como una actividad física. Es una  educación en la que a uno solamente le hablan sobre anticonceptivos y cómo son las relaciones sexuales. Y pienso que esto es insuficiente para poder velar por los derechos sexuales y reproductivos que tienen que ver con poder tomar decisiones de forma autónoma. La autonomía no se desarrolla si no se fortalece el autoestima, si no se crean dinámicas de respeto y de empatía. Y si no se incluyen estos valores en la educación para la sexualidad se corren el riesgo de generar ausencia de bienestar tanto psicológico como físico. En la educación que yo recibí entorno a la sexualidad no hubo suficiente énfasis en el respeto, en los límites, ni en las estructuras de género, que justamente pueden permitir situaciones de violencia y de maltrato.

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