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Carta de despedida Niñas Sin Miedo

Compartimos la carta de despedida de Maria Fernanda de la Ossa mas conocida como Mafe quien nos acompañó por dos años. Creadora del programa de educación para l sexualidad y apasionada por su trabajo en Ciudadela Sucre. Una experiencia que vale la pena vivir y leer

Gracias Infinitas

La niñas, el equipo y yo

Natalia Espitia

Fundadora Niñas sin miedo

Carta de despedida Niñas Sin Miedo

Por Maria Fernanda de la Ossa

Coordinadora de programas

En diciembre de 2016 Natalia nos pidió a las 6 voluntarias que hacíamos parte de la fundación en ese entonces que dijéramos en un video nuestro nombre y en otro qué era Niñas Sin Miedo para nosotras. Sin embargo, el seguimiento riguroso de instrucciones no es mi fuerte y  por algún motivo envié solo el video de mi nombre sin responder a la pregunta de qué era niñas sin miedo para mí. Hoy, un año y medio después de esta fecha y casi dos años después de volverme parte de la fundación, aprovecharé este espacio que me dio una importantísima guía en mi vida para responder esa pregunta y así despedirme por un tiempo de una de las experiencias que más me ha enseñado en mi vida.

Niñas sin miedo es la fundación que ha crecido junto a todos y todas quienes han hecho parte de ella, la que le da oportunidad tanto a niñas como voluntarios y voluntarias de crecer con ella. Todo esto gracias al apoyo, la determinación y la confianza de Natalia que se expresaba en todo lo que nos daba la oportunidad de crear y vivir. Me volví parte de la fundación en septiembre del 2016 con la intención de hacer parte de un lugar en donde se construyeran relaciones horizontales con una población a la que en pocas ocasiones se le da ese trato: las niñas y las adolescentes. Quienes hemos ido a los talleres de educación y de bici, hemos podido ver que lo que más mueve a esta fundación es el amor; un amor de escucha, aceptación, reconocimiento atravesado por la fuerte creencia de que las cosas pueden ser mejores. Este es el amor que motiva a Natalia a trabajar todos los días desde muy temprano hasta por la noche para que todo siga en pie y crezca a la vez, el amor con el que los y las voluntarias se reúnen entre semana a planear lo que se va a hacer con las niñas los sábados, el amor que nos tienen los padres y las madres por abrir este espacio para sus hijas, y en especial el amor con el que ellas nos han recibido cada sábado, con disposición a hacer lo que les proponemos y a complementarlo con esa visión del mundo que tienen y nos ha enseñado tantas cosas.

Estos dos años significaron para mí eso que pasa cuando las personas se unen por algo que les importa, cuando ven que algún o alguna valiente decide alzar su voz y emprender una lucha por algo que nos concierne a todos. Decidí un sábado de septiembre de 2016 unirme a Natalia para luchar a su lado llena de una motivación que nunca se va a ir de mí, gracias a esto conocí muchas personas con quienes aprendí a crear espacios de reflexión en los que lo más importante no son las ideas de cada quien, sino la motivación común de dar lo mejor de sí para construir un mundo que nos incluye, nos acepta y nos reconoce a todos y todas. Es por eso que me llevo un profundo agradecimiento hacia esas personas que me acompañaron en este camino y que admiro mucho, de  ellas aprendí a creer en lo que se puede lograr cuando las personas se unen y se escuchan. Así fue que fortalecí mi sentido de responsabilidad social y es por eso que tomo un camino en el que pueda seguir aprendiendo y luchando por la igualdad que quiero ver en mi país.

               Escribo esto con nostalgia, la misma 

que me hizo temblar la voz el último sábado que me despedí de 35 personas que durante dos años me comprobaron que las personas en el principio de la vida tienen una sabiduría y un amor inagotable, en especial cuando se crece en una comunidad que posee una riqueza que es invisible ante las visión que nos suelen enseñar del mundo: la resiliencia y la solidaridad. Pero también lo escribo con el agradecimiento hacia quienes hicieron esto posible, a Natalia por darme la oportunidad de crear para transformar, a quienes estuvieron en el transcurso del proceso, trasnochando a veces los viernes para que el taller quedara increíble, haciendo carteleras y dibujos que sorprendían a las niñas, y que se emocionaban creando actividades con las que las niñas pudieran reflexionar y divertirse a la vez. Gracias a todas las personas que se unieron y se unirán a crecer con las niñas sin miedo y a estar cada vez más presentes en la vida de ellas.

Mafe

 

 

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