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Estar en casa lejos de casa

Por: Zoé Kummerlé

Por los días de cuarentena que estamos viviendo, esa afirmación ha cogido más fuerza para mí. O sea que, a pesar de que mi familia y gran parte de mi historia estén al otro lado del charco, no me siento aislada. Y es que vivir en Colombia por un tiempo, además de ser una elección propia, fue una revelación. No solo por descubrir poco a poco la realidad compleja de este país sino por tener experiencias que me han enseñado mucho sobre mi misma. Ser parte de Niñas sin Miedo es una de estas, que, si bien acaba de empezar, ya me ha regalado grandes aprendizajes. Llegué con mi feminismo, mi conocimiento limitado a estudios de género académicos, con pocas habilidades practicas y el sentimiento de no poder hacer tanto para ayudar. Por esto estoy muy agradecida en cuanto a la oportunidad laboral que me dieron, al espacio de formación que me están ofreciendo, también por confiar en que, si bien vine de lejos y hace poco no sabía nada del contexto en el que hacemos nuestras intervenciones, les puedo aportar algo.

Estoy aprendiendo con el equipo de mujeres poderosas que lideran y se involucran del todo en este hermoso proyecto.

La pasión y el talento que ponen a su trabajo, cada una desde su área y especialidad, es impresionante y vital para la fundación. Son el manubrio de la bicicleta, sin el cual no sabríamos a donde ir, y el cuadro que junta todas las partes para que la mecánica funcione.

Estoy aprendiendo junto con las voluntarias y voluntarios que cada semana dedican tiempo y amor a los talleres que damos en Soacha. Con su implicación, su solidaridad y su creatividad, siempre hacen de mis sábados un momento divertido en el que compartimos emociones de todo tipo y situaciones a las que nos enfrentamos colectivamente. Son la cadena y los pedales de la bicicleta, sin los cuales no podríamos avanzar.

Estoy aprendiendo, sobre todo, con estas increíbles niñas, siempre llenas de curiosidad y de compromiso, que representan mucho potencial para el cambio social. Son las ruedas de la bici que benefician de todo lo anterior y le ponen su propia fuerza y confianza para ir más lejos.

No tuve el tiempo de conocerlxs bien a todxs antes de que entremos en confinamiento, por eso espero volver pronto al Centro de Empoderamiento en el barrio de los Pinos, donde después de un largo viaje en Transmilenio, uno se recarga cada vez con la mejor energía.

Para terminar, creo que la adaptación siempre ha sido un elemento importante en Niñas sin Miedo, y aunque el cambio generado por el Coronavirus es más radical, de alguna forma estábamos más preparadas. Así que el cambio que nosotras queremos, junto con todo el equipo de voluntarios y voluntarias, junto con las niñas, lo seguimos construyendo desde nuestras casas, siempre con la misma determinación e ideas nuevas.

 

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