(+57) 318 8511613 presidencia@ninassinmiedo.org

Noticias

Mi viaje al interior de Niñas sin miedo -Crónica de los sábados

Por: Carolina Pallida – Fundraiser Abassador -Alemania

Hay hábitos difíciles de corregir. Uno de los que tengo ahora es el de arrastrar el pulgar por Instagram sin parar, pasando de un perfil a otro, de un comentario a otro, de una historia a otra. Las redes sociales pueden ser adictivas, pero lo adictivas no les quita lo bonitas. Fue a través de Instagram que conocí a la Fundación Niñas sin Miedo y ahora estoy aquí, como observadora invitada de uno de los talleres escuchando a Venus y a Mateo hablar de la importancia de los hábitos en la realización de metas y sueños.

La Fundación Niñas sin Miedo trabaja actualmente con dos grupos de edades en la Ciudadela Sucre en el municipio de Soacha. Cada sábado, los grupos alternan entre dos tipos de actividades. Un sábado taller de educación y el otro sábado bicitaller.

Este sábado visité el taller de educación que organizaron María Fernanda, Venus y Mateo en el centro comunitario de Los Pinos. Doña Rosario, líder comunitaria del sector, nos ayuda a entrar porque las chapas del centro tienen su truco. Mateo escribe en el tablero el objetivo del día “Reconocer la importancia de los hábitos para mi proyecto”. Los talleres generalmente empiezan a las 9:30 am, pero algunas niñas son más puntuales que la puntualidad y entusiasmadas empiezan a llegar desde antes de las 9. Alejandra es la primera en llegar, pregunta en qué puede ayudar y empieza a hablar un poco sobre los talleres pasados. Me cuenta, por ejemplo, que en el último taller agregaron un quinto punto a la lista de acuerdos que prometen cumplir para hacer parte de los talleres. A la confianza, la responsabilidad, el respeto y la escucha, le agregaron un quinto acuerdo: el consentimiento. Alejandra me explica que el consentimiento es básicamente pedirle permiso a la otra persona  y que para llevarlo a la práctica habían jugado a los congelados con un pequeño cambio en las reglas: para descongelar a alguien había que preguntarle antes si de verdad quería ser descongelado. Otra de las puntualísimas es Mariana, que llega toda elegante porque esta tarde tiene un cumpleaños. Tiene las uñas pintadas, una falda verde fosforescente y una balaca con orejas de gato. Alguien comenta lo bien que se ve y lo llamativas que resultan las orejas de gato y justo ella, que se está moviendo por todo el salón, se tropieza y por poco se cae. Pero no se cae, solo se desestabiliza un poco y luego se arregla la falda y la balaca. Sonriente responde “lo bueno es que los gatos caen parados”.

Los talleres siempre empiezan con una actividad rompehielos o hasta tres. Esta mañana empezamos jugando Ajiaco, un juego de ronda con reglas de las que nadie se acuerda muy bien y entonces terminamos jugando una versión libre e improvisada. Cuando ya la mayoría de las niñas han llegado, Venus introduce la primera actividad oficial del día: “la torre de papel”. El grupo se divide en dos equipos y cada uno tiene algo de papel y algo de cinta para construir una torre de papel. El equipo que construya la torre más alta y más estable es el ganador. Después de unos angustiantes 15 minutos no hay un ganador definitivo, unas consiguieron la torre más alta, otras la más estable. La reflexión gira alrededor de la fragilidad de los proyectos, de la importancia del esfuerzo y la organización para obtener los mejores resultados con los recursos disponibles.

 

En la siguiente actividad, María Fernanda reúne a las niñas para contarles la historia de Aurora Vergara, socióloga colombiana y actual directora del Centro de Estudios Afrodiaspóricos de la Universidad Icesi.  A medida que va avanzando el relato, María Fernanda les pregunta a las niñas qué saben del departamento del Chocó, les muestra una foto de Istmina y les pregunta qué se imaginan que es la sociología. Después de terminar la historia empieza una discusión sobre los sueños y los obstáculos que los acompañan. María Fernanda enfatiza la necesidad de soñar de manera realista, de reconocer que se necesita esfuerzo, dedicación y sensatez para cumplir una meta. Para eso, les recuerda la invitación a utilizar las “gafas del pensamiento crítico”, así que todas las niñas forman una especie de antifaz con sus manos para cuestionar los cuentos que venden la idea de que para realizar los sueños solamente es necesario creer.

La tercera y última actividad es liderada por Mateo, que les explica a las niñas qué es la rueda de la vida. Les pide a las niñas que piensen en una meta que quieran cumplir en distintas áreas de su vida: salud, amigos, familia, colegio, ocio, etc.  Las niñas deben pensar en hábitos que las acerquen a cumplir esas metas e identificar los gigantes que tienen que enfrentar, por ejemplo la pereza. En un momento me salgo del centro para hablar con dos niñas del grupo de las más pequeñas, las que hoy estaban en el Bicitaller, Sofía y Nicole están con los cachetes rojos y la respiración un poco agitada por la montada en bicicleta, así que no tienen tantas ganas de hablar.

 

Para finalizar el taller las niñas forman un circulo y lanzan un grito: – ¿QUIÉNES SOMOS? – ¡NIÑAS SIN MIEDO! Yo me quedo pensando en qué miedos llevaba y qué miedos me quité este sábado, así solo hubiera sido observadora del taller. Tenía miedo a haberme comprometido a ser embajadora fundraising para una Fundación que en realidad no conocía muy a fondo, simplemente porque me enamoré de la idea de empoderar a niñas a través de la bicicleta. Tenía miedo de ser embajadora fundraising sin tener más experiencia que una campaña de navidad realizada entre amigos y conocidos. Después de haber recorrido la línea G44 en el Transmilenio hasta llegar a San Mateo, después de haber visto a María Fernanda, a Venus y a Mateo en acción, después de haber hablado con Natalia y con Doña Rosario, después de haber visto cómo va avanzando el Centro de Empoderamiento, y sobre todo, después de haber conocido a las niñas que son parte de la fundación, de ver que son niñas que están aprendiendo a caer paradas, yo también me voy sin miedos.

 

Leave a Reply